La literatura es una coordenada entre la sintaxis y la utopía.
Juan Andrés García Román, El fósforo astillado.
Porque todo es sintaxis y la lengua que hablamos, tan natural y tan nuestra, también es sintaxis y toda la literatura es sintaxis. Porque la combinación, a veces aleatoria de palabras, está ya diseñada en nuestra lengua.
Decía Borges, con su modestia quizá solo impostada (la que parece no mantener su viuda*), que si las páginas de uno de sus libros contuviesen algún verso feliz, le perdonásemos por la descortesía de haberlo usurpado él previamente, que era fortuita la circunstancia de que nosotros fuésemos los lectores y él el redactor. Borges afirmaba así que él solo había hallado la forma de combinar las palabras que ya existían previamente en la lengua antes de que otro lo hubiese hecho; él había encontrado la sintaxis del poema antes.
Porque las palabras están ahí, a nuestro alcance, y la sintaxis permite combinaciones en número inimaginable, pero no infinito; como en la teoría de los infinitos monos, donde infinitos monos mecanografiando sin parar podrían reproducir todos los libros escritos, todos los libros por escribir, todas las obras de Shakespeare o del mismo Borges, o las del propio Borel, o estas mismas palabras que estás leyendo, en el mismo orden, así como el contenido exacto de tus pensamientos en este preciso momento; y es que todo ya está escrito previamente.
Porque la combinación de fonemas y de estos en monemas, y de estos en palabras, y de estos en sintagmas, y de estos en oraciones (¡maldita sintaxis!), y de estos en textos, y de estos en... literatura no es infinita. Y todo está prefijado, y nuestros versos, nuestras vidas ya han sido y serán de nuevo escritas (otra vez La historia interminable, otra vez La Biblioteca de Babel) con esas -con estas- mismas palabras.
Y, sin embargo, el poema.
* Este paréntesis hace referencia a este suceso, por todos conocido: Kodama Vs. Fernández Mallo.
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